Skip to content

Sentirse somnoliento en el trabajo puede no ser solo cansancio

23 Febrero, 2024
Sentirse somnoliento en el trabajo puede no ser solo cansancio

Todo el mundo ha pasado por esta situación: estás en el trabajo y, de repente, mantener los ojos abiertos y el funcionamiento de tu concentración parecen tareas imposibles. A algunas personas les resulta más difícil que a otras permanecer despiertas durante las horas de trabajo o estudio, y hay varios factores que conducen a esta dificultad.

El funcionamiento del reloj biológico de cada individuo influye en este punto, ya que algunas personas se sienten más dispuestas por la noche mientras que, durante el día, dormir parece ser la actitud más adecuada (o, al menos, la actitud solicitada por el cuerpo).

También es importante prestar atención al tipo de comida que ingieres, especialmente por la mañana y a la hora del almuerzo. Los alimentos pesados ​​o grasos requieren un gran esfuerzo por parte del cuerpo para ser digeridos. Por lo tanto, comer estos alimentos ayuda a aumentar la sensación de sueño, especialmente después de las comidas.

Sin embargo, si duerme bien por la noche, hace ejercicio con regularidad, come de manera saludable y, sin embargo, el sueño ataca en medio del trabajo o la clase, la causa puede no ser su comportamiento, sino el aire del entorno en el que se encuentra.

Según un estudio realizado por la Universidad Estatal de Nueva York, en asociación con la Universidad de California, y publicado por Daily Mail, la gran cantidad de dióxido de carbono que se encuentra en el aire de los lugares de trabajo y las aulas puede ser responsable de la sensación de sueño excesivo. Esto se debe a que esta sustancia afecta nuestra capacidad de concentración e incluso de tomar decisiones claras.

La encuesta contó con la participación de 24 voluntarios, quienes fueron instruidos para realizar algunas tareas sencillas de concentración. Deben realizarse en tres entornos diferentes. Uno de ellos tuvo una concentración de CO2 de 600 partes por millón (ppm), en el segundo esta tasa fue de 1000 ppm y en el tercero llegó a 2500 ppm. Los resultados fueron claros: en las salas con mayor concentración de CO2, los voluntarios tuvieron mayor dificultad para realizar las actividades propuestas sin bostezar.

Este es un problema muy difícil de resolver, ya que la principal fuente de dióxido de carbono es la respiración humana. Por tanto, en los lugares donde vive mucha gente, es natural que exista una gran concentración de CO2. En general, esta concentración puede ser de dos a ocho veces mayor en interiores que en exteriores.

Según la investigación, en un entorno exterior la concentración de dióxido de carbono ronda las 380 ppm, mientras que en los entornos laborales alcanza las 1000 ppm. En las aulas el problema es aún más grave y las tasas de CO2 pueden alcanzar las 3000 ppm.

Para resolver el problema, es importante comprender que la cantidad y la calidad de la ventilación están directamente relacionadas con estos números. En ambientes bien ventilados, con circulación de aire, la concentración de dióxido de carbono disminuye y, por tanto, la sensación de somnolencia tiende a disminuir. Resulta que cuando bostezamos, nuestros cuerpos intentan reequilibrar la relación entre el oxígeno y el CO2 en la sangre. Por lo tanto, las ventanas abiertas o un acondicionador de aire con filtros limpios pueden ser la solución.